SAM PECKINPAH,
vehemencia genial.
“Todos soñamos con volver a ser
niños, incluso los peores de nosotros. Tal vez los peores más que nadie.”
Grupo Salvaje.
La
obra de Sam Peckinpah, a pesar de su irregularidad estética, ocupa una destacada
posición en la historia del 7º Arte. Se puede decir que llegó tarde al
mundo del cine de manera que, cuando dirige su primera película, “Compañeros
Mortales” (The Deadly Companions, 1961), ha pasado ya la Edad Dorada del western
y empieza su decaimiento durante la década de los 60. Es el propio Peckinpah
quien inicia la etapa del western crepuscular con su magnífica “Grupo
Salvaje” (The Wild Bunch, 1969). Aunque este periodo ya venía fraguándose como
puede verse significativamente en “Eldorado” (Eldorado, 1967), de Howard Hawks y
en “Duelo en la Alta Sierra” (Ride in the Hogh Country, 1962) del mismo
Peckinpah, en las cuales la vejez de los protagonistas es un rasgo esencial.
Antes de todo ello, fue guionista de series de western para la televisión y
llegó a trabajar como director de diálogos para Don Siegel. En estos años de su
juventud, se aficiona a uno de los vicios que más afectarían a su carácter: el
alcohol. También es el momento en que empieza a escribir y se da cuenta de la
importancia del guión, hecho éste que hará que trate de intervenir lo más
posible en su elaboración para sus futuros films, llegando a firmar bastantes
tanto en obras bajo su dirección como ajena. Esta etapa es tratada en “Sam
Peckinpah, hermano perro”, de Rubén Lardín, un gran libro a la hora de
comprender al biografiado.
Después de “Duelo en la Alta Sierra”, hizo “Mayor Dundee” (Mayor Dundee, 1965),
donde ya se empieza a apreciar su personal estilo, aunque se resiente de los
enfrentamientos con el productor según Augusto M. Torres en su “Diccionario
de directores de cine”. Parece que esta explicación concuerda con la de Lardín,
si bien es cierto que, aun con un desordenado tratamiento de la película, es una
de las mejores, a pesar de que leyendo el comentario que tiene sobre ella da la
impresión de que es peor de lo que realmente es.
El
año de la llegada del Hombre a la Luna llega acompañado del estreno de una obra
capital en el terreno del western y una de las mejores películas, a mi
entender, de historia del cine: “Grupo Salvaje”. Película soberbia, comparada
por José Luis Garci en su programa a la Ilíada, debido probablemente a la
alternancia de momentos narrativos con otros más poéticos y a lo profundo de la
obra, por explicarlo de una manera bastante simplista. Cabe añadir que la cinta
engloba muchos de los temas de la obra de este director y a la que podría
dedicarse más espacio que estas someras líneas. Por si mis elogios a este film
no son suficientes he de decir que a mi juicio es la mejor película de Peckinpah
(por lo que difiero de Garci, que prefiere “Duelo en la Alta Sierra”) y que me
parece injusto e inexplicable que no se halle en el libro “Las 100 mejores
películas” de John Kobal.
Sigue la también crepuscular “La Balada de Cable Hogue” (The Ballad of
Cable Hogue, 1970), a la que creo lastrada por el tono atípico y confuso dado a
la historia pero en la que se puede ver, según Lardín, como el progreso
atropella a lo que representa el pasado. Es ésta una constante básica del cine
de Peckinpah, donde algunos de los personajes se ven rebasados por una sociedad
que ha evolucionado dejándoles progresivamente atrás.
Con “Perros de paja” (Straw Dogs, 1971) surge la polémica debido a la dureza de
algunas de las escenas (aspecto no nuevo pues la crudeza de Grupo Salvaje ya le
trajo algún problema) y que le acompañará en gran parte de su carrera, ya que su
cine es marcada y explícitamente violento para la época. La violencia es uno de
los temas que más trata, a veces por medio de sus típicos ralentís u otras
técnicas cinematográficas, lo que le ha llevado a ser acusado por quienes no lo
comprendieron de apologista de aquélla.
En
1972 dirige dos películas con Steve McQueen como protagonista: “Junior Bonner” (Junior
Bonner, 1972), calificada por Lardín como cinta curiosa, ya que tiene
pocos elementos en común con otras películas del director, pero desgraciadamente
no puedo comentar nada más sobre ella por no haber conseguido verla; y “La
Huida” (The Gethaway, 1972), sobre la novela de Jim Thompson.
Esta película, aunque atacada por comercial por algunos criticos (lo que no
debiera significar que fuera mala), es una buena muestra del estilo de Peckinpah,
manifiestamente suavizado en cuanto a la violencia de obras anteriores y con un
interesante conflicto entre la pareja protagonista, bien resuelto por el
realizador, que siempre se caracterizó por su excelente estudio de personajes.
“Pat Garrett y Billy the Kid” (Pat Garrett and Billy the Kid, 1973) es
considerada por muchos la mejor película de Peckinpah, pero, aún a riesgo de
defraudar a algunos, he de decir que no comparto esa opinión, ya que me parece
bastante floja y con múltiples momentos muertos. Es cierto que no he visto la
versión del director, la cual es de difícil obtención y que tiene 17 minutos
extra que creo sólo harían más pesado el film.
Tiene varios de los temas principales de su filmografía: la amistad, la lealtad
y la traición y se reconoce su mano en muchas de las escenas, lo que no impide
que el conjunto sea aburrido. “Hay quién asegura que esta cinta fue la primera
que delató el alcoholismo de Peckinpah en la pantalla” (Lardín, pág. 96). Creo
que es una plausible explicación de los resultados de la película.
Viene después una película justamente calificada de imprescindible y de
naturaleza lóbrega y morbosa por Lardín. Obra que parece rodada a
impulsos, con un acabado aparentemente tosco. “Quiero la cabeza de Alfredo
García” (Bring me the head of Alfredo García, 1974) es una especie de “road
movie”, por momentos onírica y genial, con un ambiente exagerado y grotesco. Se
respira la idea que tenía Peckinpah de México, se siente el polvo de la arena,
el calor, todo ello para dar vida a una historia febril y macabra en la que se
lucha por la posesión material de una cabeza con la que conseguir la recompensa
que se ofrece por ella. Cabeza que en su recorrido hasta su destino final pasa
por diferentes manos, llegando el protagonista a la tesitura de conservarla en
hielo para posteriormente “hablar” con ella según avanzamos en una surrealista
espiral de violencia.
En
resumen, esta película es de una importancia capital a la hora de entender la
mentalidad de su autor, debido a estas declaraciones suyas: “Yo hice Alfredo
García y la hice exactamente como quería; buena o mala, guste o no, es mi
película” (Lardín, pág. 98). Se puede decir que, en cuanto a temática, es un
compendio de la obra del director.
En
1975 dirige “Aristócratas del Crimen” (The Killer elite, 1975), que, aunque muy
fuertemente atacada por diversos criticos, no es un mal film. Lo que ocurre es
que desmerece frente al conjunto de las restantes realizaciones. No obstante,
tiene bastantes de sus obsesiones como la traición y el consiguiente sentimiento
de venganza. Sin embargo, el montaje de Monte Hellman con un Peckinpah desganado
no es lo brillante que un día fue bajo control de este último.
Dos años después, dirigió su “última gran película”: “La Cruz de Hierro” (Cross
of iron, 1977), admirada por Orson Welles por ser la mejor película
antibelicista que había visto en su vida (Lardín, pág. 102).
Rodada con un presupuesto escaso para ser una producción americana, ésta es un
cinta que reúne bastantes de los puntos de vista del director sobre la ambición,
la traición, los diferentes comportamientos del hombre en la guerra (tanto
heroicos como mezquinos) o la incapacidad de afrontar una nueva existencia (el
protagonista, encarnado por James Coburn, no se decide a abandonar la lucha
cuando tiene oportunidad, ya que supuestamente no sabe hacer otra cosa).
“La Cruz de Hierro” trata por única vez en su cine la Segunda Guerra Mundial,
siendo además uno de los mejores y más característicos films en cuanto a estilo
de Peckinpah.
En 1978 se estrenó “Convoy”
(Convoy, 1978), que no he tenido ocasión de ver, cosechando nefastas críticas
junto con el mayor éxito en taquilla de todas sus películas. A pesar de todo, es
comparada en nivel artístico a “Aristócratas del Crimen” en diferentes
publicaciones, por lo que pienso que hay que darla una oportunidad.
Desde 1975, cuando a su
afición a la bebida se sumó el consumo de cocaína empezó su declive marcado por
cinco años sin poder llevar a cabo ningún proyecto desde “Convoy”.
Con eso, tras realizar tareas
de director de 2ª unidad en “Jinxed” (Don Siegel, 1982) y breves apariciones
como actor, llega “Clave: Omega” (The Oesterman weekend, 1983), su última
película. De realización un tanto mecánica, perdiendo un cierto componente de
crudeza típico de Peckinpah desdibujándose la fuerza de anteriores producciones.
Es de una calidad bastante aceptable, pese a la falta de personalidad, al
notarse muy levemente el toque de su autor.
Este film suponía su vuelta al
cine y simbolizaba sus logros en aras de reconducir su vida, dejando el alcohol
y reduciendo drásticamente el consumo de cocaína, estabilizando una irregular
vida sentimental, además de un nuevo inicio con proyectos para obras futuras. No
tuvo tiempo, dirigió dos videoclips a Julian Lennon (el hijo de John Lennon), y
murió a los 59 años, tras un ataque cardíaco en el Día de los Santos Inocentes
de 1984, como un último chiste macabro.
Sus cenizas fueros echadas al
Pacífico.
Ángel Rey Gallego
Bibliografía y
webs sobre Sam Peckinpah:
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-“Sam Peckinpah,
hermano perro”. Rubén Lardín.
Editorial Midons. Valencia, 1998. (Biblioteca de actores y directores).
-“Sam Peckinpah”. Carlos F.
Heredero. Ed. J.C. Madrid, 1982. (Directores de cine; 8).
-“ Sam Peckinpah”. Francisco
Javier Urkijo. Ed. Cátedra. Madrid, 1995. (Signo e imagen ; 25 Signo e imagen.
Cineastas ; 25).
-“Grupo Salvaje-Atraco
Perfecto”. Carlos Balagué. Ed. Libros Dirigido (S.L.). Barcelona, 2002.
(Colección : Programa Doble).
-“Las 100 mejores películas”.
John Kobal. Alianza editorial. Madrid, 1995. (Sección: Cine).
-“Diccionario de directores de
cine”. Augusto M. Torres. Alianza editorial. Ediciones del Prado. Arganda del
Rey (Madrid), 1994. (Biblioteca temática Alianza).
-“Diccionario del cine”.
Georges Sadoul. Ediciones Istmo. Madrid, 1984. (Colección Fundamentos).
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